Mientras las grandes estructuras operan impunes, la Unidad Especializada contra el Narcotráfico presume la incautación de apenas 20 gramos de crack en dos ciudades. El aparatoso despliegue policial en Presidente Franco y Minga Guazú vuelve a exponer la ineficacia —y para muchos, la complicidad— de una unidad que solo golpea el último eslabón de la cadena.
En una nueva muestra de resultados que rozan lo ridículo frente a la magnitud del crimen organizado en la zona, agentes del Departamento Especializado contra el Narcotráfico realizaron ayer lunes dos allanamientos simultáneos. El saldo: dos detenidos y una cantidad de droga que, sumada, apenas supera el peso de una carta postal.
El «operativo» de los gramos
El primer despliegue tuvo lugar a las 16:30 en Presidente Franco, donde fue detenido Jhonatan Figueredo Riveros (29). En el sitio, los agentes «lograron» incautar la irrisoria cantidad de 8,4 gramos de crack y 3,4 gramos de marihuana.
Poco después, en el km 14 de Minga Guazú, la escena se repitió: fue aprehendida Paola Noemí Irala Guillén (28) con 11,64 gramos de crack y la suma de 73.000 guaraníes. Entre ambos operativos, el gran botín de la policía no alcanzó siquiera los 25 gramos de sustancia, evidenciando que el esfuerzo estatal se agota en perseguir consumidores y pequeños distribuidores de barrio.

Incompetencia o complicidad: El trasfondo del microtráfico
Bajo la dirección del fiscal Manuel Rojas, estos procedimientos se presentan como «golpes al tráfico minorista», pero la realidad ciudadana dicta una sentencia distinta. Para los vecinos de los barrios afectados, la persistencia de estos puntos de venta no es una falla logística, sino el síntoma de una unidad antinarcótica que parece más enfocada en el «show» que en la inteligencia real.
La recurrencia de estos operativos con resultados tan pobres levanta sospechas sobre la corrupción estructural dentro de las filas policiales. Mientras las viviendas de familias vulnerables son allanadas por dosis mínimas, las rutas principales de Ciudad del Este y alrededores siguen siendo el corredor libre para toneladas de mercadería que la policía, sugestivamente, nunca logra interceptar.
Un círculo vicioso
Este tipo de intervenciones logra contener el fenómeno de forma parcial y temporal, pero la incapacidad —o falta de voluntad— de la unidad para escalar en la cadena de mando del tráfico sugiere una convivencia pactada. La «lucha» termina siendo una puerta giratoria donde el microtráfico se recicla, mientras la unidad policial justifica su presupuesto con detenciones de poca monta que no alteran en absoluto el mapa delictivo de Alto Paraná.











