La soberbia y mentiras de Miguel Prieto Vallejos, ex intendente destituido por corrupción y con más de 40 denuncias penales por hechos de corrupción y robo de dinero pública, genera hartazgo. Y no son los cartistas quienes le atacan. Son sus propios aliados y ex aliados políticos de la oposición. Esta vez fue la Sandra Miranda, Patria Queria, quien se despacho contra el corrupto político esteño. Y también le pregunto: ¿ Quién debe estar PRESO Miguel.?
Esto es lo que posteo Sandra Miranda, la ex concejal departamental por Patria Querida.
Y yo te pregunto: QUIÉN DEBERÍA ESTAR PRESO, MIGUEL?
Lo verdaderamente llamativo no es la acusación en sí, sino el nivel de descaro, viniendo de un ex intendente destituido por CORRUPCIÓN y con más de 50 denuncias ante la Fiscalía.

Sandra Miranda
Mientras Santiago Peña no tiene ninguna denuncia penal en su contra, Miguel Prieto acumula más de 50. Y en aquellas causas donde fue imputado, lejos de someterse a la justicia, recurre a maniobras dilatorias: chicanas, recursos y estrategias para ganar tiempo, esquivar responsabilidades y sostener un relato que cada vez se aleja más de la realidad.
Si realmente considera que el Presidente ha cometido delitos, el camino es claro: INVESTIGAR, REUNIR PRUEBAS Y PRESENTAR LAS DENUNCIAS correspondientes ante la justicia.
Eso es lo que corresponde en un Estado de Derecho, pues mientras NO existan denuncias concretas, sus acusaciones no pasan de ser SIMPLE POPULISMO.
También llama poderosamente la atención —e incluso da cierta lástima— ver cómo logra engañar a personas de otras ciudades, presentándose como un perseguido político, construyendo un discurso victimista que distorsiona los hechos y confunde a la ciudadanía.
¿Hasta cuándo se va a normalizar que alguien con semejante prontuario intente posicionarse como juez moral de otros?
Mientras tanto, la ciudadanía sigue esperando respuestas claras, rendición de cuentas y justicia real. Porque no se trata de discursos en redes sociales, sino de hechos, documentos y evidencias que están —o deberían estar— en manos de la justicia.
Y repito la pregunta que es simple, pero incómoda:
¿Quién debería estar preso, Miguel?











