Mirna Wolf, la esposa del gobernador de Alto Paraná, siendo asistente fiscal, sigue fungiendo como responsable del área social del gobierno regional, violando la carta Orgánica del Ministerio Público. La denuncia penal en su contra sigue cajoneada, pero su esposo César Landy Torres, aparece en las redes sociales abrazado e intercambiando regalitos con el fiscal General del Estado, Emiliano Rolón.
Mientras el Ministerio Público se muestra complaciente en actos protocolares, una grave denuncia por corrupción y tráfico de influencias duerme el «sueño de los justos» en los cajones de la fiscalía. El caso involucra directamente al gobernador de Alto Paraná, César Landy Torres, y a su esposa, Mirna Margarita Wolf, asistente fiscal, en un esquema de presunta ilegalidad que desafía la propia Carta Orgánica del Ministerio Público.

«ASISTENTE FISCAL» EN LA GOBERNACIÓN.
El foco del conflicto radica en la situación laboral de Mirna Wolf. Según los registros oficiales, Wolf es asistente fiscal con asiento en Santa Rita, percibiendo un salario del Ministerio Público. Sin embargo, en la práctica, funge como responsable de la Secretaría de Acción Social de la Gobernación, bajo las órdenes directas de su marido.
Esta duplicidad no solo roza lo ético, sino que entra en el terreno de lo delictivo. La Carta Orgánica del Ministerio Público es taxativa: los asistentes fiscales no pueden ser comisionados a otras instituciones del Estado. Su presencia en la sede gubernamental de Ciudad del Este, ejerciendo funciones de asesora o encargada, carece de sustento legal y constituye una abierta violación administrativa.
«KELEMBÚ» Y LA DENUNCIA FORMAL
La denuncia, impulsada por el exconcejal de Ciudad del Este, Celso «Kelembú» Miranda, señala una lista de hechos punibles que van desde:
Asociación criminal y tráfico de influencias. Administración en provecho propio, nepotismo.
Miranda sostiene que el gobernador Landy Torres estaría utilizando su poder político para mantener a su esposa en una estructura de beneficios irregulares, donde la fiscalía paga el sueldo, pero la Gobernación utiliza sus servicios, rompiendo la independencia de poderes.
ABRAZOS, REGALOS E IMPUNIDAD
Lo que más indigna a la ciudadanía esteña es la aparente connivencia de las altas esferas. Recientemente, se vio al fiscal general del Estado, Emiliano Rolón, en un ameno intercambio de abrazos y regalos con el gobernador Torres. Esta cercanía física y política contrasta drásticamente con la parálisis del proceso judicial iniciado en julio de 2025.
Expertos legales señalan que la presencia de Wolf en la Gobernación debió contar con la autorización, u omisión consciente, del propio Rolón, lo que lo convierte en un responsable indirecto de la irregularidad.
LA PREGUNTA QUEDA EN EL AIRE
¿Existe hoy algún fiscal en el décimo departamento con la autonomía suficiente para imputar a la esposa del Gobernador? ¿O es que el «blindaje» político que nace en los abrazos con la máxima autoridad del Ministerio Público es suficiente para garantizar la impunidad?
Por ahora, los documentos presentados por Miranda siguen sin movimiento, mientras Mirna Wolf continúa ejerciendo una función pública que, por ley, le está prohibida.











