Nativos mendigan por comida y, cuando la reciben, comen en el suelo. Las veredas y los paseos centrales de avenidas rodeadas por enormes centros comerciales son el lugar donde están estas familias de indígenas olvidados por el gobierno nacional, regional y municipal. Existe una tremenda cadena de desidia para atender este grave problema social que está a la vista de todos, inclusive de los turistas. ¿Qué imagen estamos dando?
Las veredas y paseos centrales del corazón comercial de la capital departamental se han convertido en el crudo reflejo de una crisis humanitaria que parece invisible a los ojos del Estado paraguayo y el gobierno municipal. Familias enteras de comunidades nativas deambulan diariamente por las calles céntricas, viéndose obligadas a mendigar para conseguir, en el mejor de los casos, un plato de comida que terminan consumiendo en el frío suelo.
La escena más desgarradora la protagonizan los niños. Menores de corta edad son utilizados por sus padres como herramientas de mendicidad, expuestos a los peligros del tráfico, las inclemencias del tiempo y la vulnerabilidad de la calle, perdiendo cualquier derecho a la infancia, la educación o una nutrición digna.
DESIDIA INSTITUCIONAL CON NOMBRES Y APELLIDOS

Esta dolorosa realidad no es nueva, pero se agrava ante la absoluta inacción y el abandono de las autoridades locales y departamentales, quienes parecen dar la espalda a la problemática:
- La Municipalidad de Ciudad del Este: Bajo la gestión del intendente, Dani Pereira Mujica, la institución local carece de programas de asistencia, ordenamiento o contención social efectivos para rescatar a estas familias de las calles.
- La Gobernación de Alto Paraná: Liderada por el gobernador César «Landy» Torres, tampoco ha articulado políticas públicas ni proyectos de albergue o reinserción junto a las comunidades de origen.
- El Instituto Paraguayo del Indígena (INDI): El ente rector nacional brilla por su ausencia en la zona, demostrando una total incapacidad para proteger los derechos de los pueblos originarios y evitar su migración forzada a la indigencia urbana.
Mientras el circuito comercial de Ciudad del Este mueve millones de dólares diariamente, a solo metros de los grandes centros de compras, los nativos son abandonados a su suerte, subsistiendo gracias a la caridad de los transeúntes.
La falta de una intervención conjunta entre el municipio, la gobernación y el INDI perpetúa un círculo vicioso de miseria y explotación infantil a la vista de todos, dejando en evidencia que, para las autoridades, la dignidad de los pueblos nativos no figura en la agenda de prioridades.











