La postal turística del comercio y el ajetreo fronterizo en Ciudad del Este esconde, a plena vista, una realidad desgarradora que las autoridades insisten en ignorar. Es la realidad de decenas de niños, niñas y adolescentes, muchos de ellos pertenecientes a comunidades indígenas, que sobreviven en situación de calle, expuestos no solo a la pobreza extrema, sino a un abandono institucional que lacera más que el hambre. La realidad que no se puede esconder muestra a niños con los rostros con llagas sangrando, y buscando escondites para pedir limosna. Esta es la realidad.
Una imagen reciente, que circula y conmueve a la ciudadanía, pone rostro a este drama. En ella se observa a un niño nativo con la mirada oculta tras unos lentes de sol, intentando quizás protegerse de la luz o, más dolorosamente, ocultar las marcas de la enfermedad y la negligencia. Su mejilla izquierda y sus labios exhiben llagas vivas, rojizas y sangrantes. Son heridas que, a simple vista, sugieren infecciones severas como el herpes, pero que, sin un diagnóstico médico, son solo el síntoma visible de un sistema que le ha fallado estrepitosamente.
Este niño no es un caso aislado; es el reflejo de una crisis humanitaria que se profundiza ante la inacción de los tres niveles de gobierno.
Y lo peor de todo. Está a la vista de todos. Ante la indiferencia de todos.
UN FRACASO EN CADENA: MUNICIPAL, DEPARTAMENTAL Y NACIONAL

La Ley n.º 1680/01 «Código de la Niñez y la Adolescencia» en Paraguay es clara en cuanto a la protección que el Estado debe garantizar. Sin embargo, en las calles de Ciudad del Este, esta ley parece papel mojado.
El abandono municipal: La CODENI (Consejería Municipal por los Derechos del Niño, la Niña y el Adolescente) de Ciudad del Este, aunque existente en organigrama, carece de la presencia y los recursos necesarios para abordar esta problemática de manera integral. Sus intervenciones suelen ser reactivas, sin seguimiento y sin ofrecer alternativas reales de vida para estos niños. La falta de programas municipales de atención directa y refugio es evidente.
Realizan procedimientos esporádicos solo para la foto, que son posteados en las redes sociales. No hay una acción permanente.
La comuna esteña es manejada desde 2019 por el Clan Prieto.
La indiferencia departamental: La Gobernación de Alto Paraná tampoco ha priorizado esta crisis. A pesar de contar con presupuesto y estructuras para la acción social, no se visualizan políticas públicas departamentales contundentes que articulen esfuerzos para rescatar a estos niños de la calle y abordar las causas estructurales de su desplazamiento desde sus comunidades de origen.
Una asistente fiscal, Mirna Wolf, funge de encargada social, pero la misma está solo para las fotos que son publicadas en las redes sociales. El cuestionado gobernador, César Landy Torres, es su esposo. La misma no puede estar en el cargo en el gobierno regional y su trabajo es solo para la foto. La realidad en la calle lo confirma.
La Omisión Nacional: A nivel central, las instituciones clave como el Ministerio de la Niñez y la Adolescencia (MINNA) y el Instituto Paraguayo del Indígena (INDI) brillan por su ausencia efectiva en la zona. Las transferencias de recursos son insuficientes, y las políticas diseñadas en la capital a menudo no se traducen en acciones concretas y sostenidas en la frontera. La falta de coordinación entre el MINNA y el INDI para proteger a la niñez indígena es un cuello de botella histórico y criminal.
Estas dos instituciones brillan por su desidia y ausencia.
SALUD EN RIESGO: UNA BOMBA DE TIEMPO
El estado de salud del niño que ilustra esta denuncia es alarmante y requiere atención médica urgente. Infecciones virales como el herpes, si no se tratan adecuadamente, pueden derivar en complicaciones graves, especialmente en cuerpos debilitados por la malnutrición y las condiciones insalubres de la vida en la calle.
Estos niños están expuestos a un cóctel de riesgos: enfermedades respiratorias, gastrointestinales, infecciones de la piel, violencia física y sexual, y el consumo de sustancias. La falta de acceso a la salud básica, garantizada por la Constitución Nacional, es una violación flagrante de sus derechos humanos fundamentales.
MÁS QUE UN PROBLEMA SOCIAL: UNA VERGÜENZA COLECTIVA
El problema es tremendo, sí. Pero, como señala la denuncia ciudadana, «es más tremendo el abandono». La sociedad de Ciudad del Este no puede acostumbrarse a ver a niños enfermos y sangrando en sus calles como parte del paisaje urbano.
La indiferencia de las autoridades no es solo una omisión de funciones; es una complicidad silenciosa con el sufrimiento y la posible muerte de estos niños. Cada día que pasa sin una intervención estatal efectiva es un día más en que el Estado paraguayo incumple sus promesas y tratados internacionales sobre los derechos del niño.
UN LLAMADO A LA ACCIÓN URGENTE
Se requiere un giro de 180 grados en la gestión de esta crisis. No bastan los parches ni las fotos para la prensa. Se necesita:
Intervención médica inmediata: Un equipo de salud pública debe desplegarse para atender las necesidades urgentes de estos niños, incluyendo al chico con llagas visibles.
Mesa de Trabajo Interinstitucional Real: Municipalidad, Gobernación, MINNA e INDI deben sentarse a trabajar COORDINADAMENTE, con presupuestos claros y metas concretas.
Refugios y centros de día funcionales: Espacios seguros donde estos niños reciban alimentación, atención médica, psicológica y educativa, respetando su identidad cultural en el caso de los niños indígenas.
Trabajo con las comunidades de origen: Abordar las causas que empujan a las familias a migrar a las ciudades, garantizando tierra, salud y educación en sus territorios.
La infancia no puede esperar. El rostro de este niño, con sus llagas y su dolor, debe ser el detonante que despierte a unas autoridades que parecen haber perdido la brújula de la humanidad. El abandono tiene que terminar.










