En las redes sociales criticaron duramente al gobernador de Alto Paraná, César Landy Torres. Fue en su propia tierra, Santa Rita, región Sur del décimo departamento. La acusan de tener alergia al pueblo y de esconderse de los comunes. Le tildan de ser un malagradecido con quienes le han votado. Abajo uno de los textos divulgados contra el cada vez más cuestionado Landy Torres. La foto que ilustra este material fue hecha con IA, y posteada en las redes sociales.
La política local ha alcanzado un nuevo nivel de equilibrismo: el arte de entrar a los eventos por la puerta de atrás para no saludar a quienes te pusieron en el sillón. Lo que vimos en la Expo no fue solo un despliegue de seguridad, fue el espectáculo de la ingratitud en su máxima expresión.
El sindrome de Dubai.
Es evidente que los viajes a Taiwán y los aires de Dubái han causado estragos. El gobernador, aquel «la maestra membymi» que antes conocía cada rincón de la colonia, ahora parece sufrir de alergia al pueblo.
ES IRÓNICO: usaron la puerta del frente de cada vecino para pedir el voto, pero ahora usan la puerta trasera de la Expo para esquivar el saludo. El whisky y el champán con los grandes empresarios fluyen mejor cuando no hay «gente humilde» cerca que les recuerde de dónde salieron.
El intendente: un accesorio de lujo
Y en medio de este banquete de élite, no podemos olvidar al «hermanito» intendente. Hay que ser justos: él no tiene la culpa de nada.
Al fin y al cabo, funciona como un llaverito de adorno: brilla, cuelga del poder del hermano y está ahí para acompañar el manojo de llaves, pero no abre ninguna puerta ni toma ninguna decisión. Es el accesorio perfecto para una gestión que prefiere el brillo de las copas al barro de las calles.
El pueblo no es alfombra.
Ningunear a la base, a los amigos y a los vecinos que esperaban en la entrada principal es un error de cálculo histórico. Podrán esconderse detrás de los portones traseros y brindar con los «grandes», pero el poder es cíclico.
Hoy se sienten en el paraíso fiscal, picados por el mosquito de la grandeza, pero mañana, cuando necesiten renovar el «llavero», tendrán que volver a golpear esas puertas del frente que ayer decidieron ignorar.











