Mientras la ciudadanía paga un precio abultado por el servicio de recolección de basura, la Municipalidad y la Itaipú deben salir al rescate con recursos públicos para limpiar la desidia de las empresas privadas. La Binacional contrata a una empresa para limpiar los lugares públicos en las áreas habitacionales, trabajo que debe hacer la empresa privada encargada de la recolección, según el contrato. Aquí existe una complicidad de la comuna. Mientras el intendente interino, Pedro Acuña, presenta como un importante logro el de estar tirando la basura que debía hacerlo la empresa tercerizada, por la cual ya cobra. La población debe pagar dos veces por el mismo servicio debido a la corrupción municipal.
Los paseos centrales de las principales avenidas de Ciudad del Este se han convertido en el reflejo de una crisis que combina ineficiencia privada y complicidad estatal. En las últimas semanas, se ha vuelto habitual observar a cuadrillas de la Municipalidad y de la Itaipú Binacional retirando toneladas de basura acumulada y restos de podas de árboles en espacios públicos. Una postal que, lejos de generar alivio, enciende la indignación de los contribuyentes.
¿Por qué instituciones públicas y una entidad binacional deben absorber un trabajo que ya fue concesionado? La respuesta apunta directamente a las empresas privadas encargadas de la recolección de residuos en la capital de Alto Paraná.
UN NEGOCIO REDONDO, UN SERVICIO PÉSIMO

La ciudadanía de Ciudad del Este paga puntualmente por un servicio de recolección que, a la vista de los resultados, es deficiente e intermitente. Los contratos de concesión obligan a las empresas privadas a mantener la limpieza integral de la ciudad. Sin embargo, la acumulación de desechos en los paseos centrales demuestra que estas firmas fallan sistemáticamente en sus tareas operativas.
El dato: El despliegue de camiones y personal municipal y de Itaipú no es gratuito. Representa un gasto duplicado de recursos públicos para subsanar la negligencia de un sector privado que ya cobró por ese mismo trabajo.
En el caso de la Itaipú, el servicio no le corresponde realizar, pero debe contratar a una empresa para que limpie los paseos centrales de las avenidas de las áreas habitacionales ante el abandono de la comuna que desde el 2019 está a cargo del Clan Prieto.
LA COMPLICIDAD DEL SILENCIO MUNICIPAL
La crisis no se limita a la incapacidad de las recolectoras; el problema de fondo es la falta de fiscalización y la aparente complicidad de las autoridades municipales. En lugar de sancionar severamente a las empresas o rescindir los contratos por incumplimiento, la comuna liderada por la administración local prefiere actuar como «auxilio de emergencia», asumiendo los costos operativos con el dinero del propio contribuyente.
Esta inacción municipal genera un peligroso precedente: las empresas privadas siguen facturando millones mientras el Estado y la Binacional barren sus culpas.
CONSECUENCIAS PARA LA CIUDADANÍA

Doble imposición económica: Los esteños pagan dos veces por el mismo servicio: primero a través de sus facturas directas a las recolectoras y, segundo, mediante los impuestos desviados para financiar los operativos municipales de limpieza.
Impacto ambiental y vial: Los paseos centrales bloqueados por ramas y bolsas de basura no solo dañan la estética de la triple frontera, sino que obstruyen la visibilidad de los conductores y generan focos de insalubridad.
Mano dura con las concesiones o rescisión de contratos; la ciudadanía esteña no puede seguir financiando la inoperancia privada con el silencio cómplice de sus autoridades.
El cuidado de Ciudad del Este no debe ser un parche temporal de Itaipú, sino la obligación de quienes cobran por ello.











