La situación de abandono en que se encuentra el Polideportivo de la Gobernación de Alto Paraná es una muestra de la tremenda desidia de la gestión del actual cuestionado gobernador, César Landy Torres. Es un patrimonio público que, por culpa de la mala administración de Landy Torres, se está deteriorando. Lo que debería ser un espacio abierto a toda la ciudadanía, en particular a los niños y jóvenes, para la práctica de deportes, el mismo la mayor parte del tiempo está cerrado y destruyéndose.
Lo que fue presentado como una importante inversión en infraestructura deportiva para el departamento de Alto Paraná, específicamente en Ciudad del Este, hoy ofrece una imagen completamente distinta: abandono, falta de mantenimiento y un progresivo deterioro de las instalaciones del Polideportivo de la Gobernación.
El edificio está en el mismo predio de la sede del gobierno regional, con el frente sobre la avenida Policías Mártires de Curuguaty, en el barrio Boquerón de Ciudad del Este.
La infraestructura, cuya construcción demandó una millonaria inversión de recursos públicos durante la administración del entonces gobernador Roberto González Vaesken, actualmente se encuentra en condiciones que generan preocupación por la falta de conservación del patrimonio estatal.

De acuerdo a los datos, la inversión es superior a los 4.800 millones de guaraníes, dinero público.
El deterioro comienza prácticamente desde el acceso al predio. Tanto quienes ingresan caminando como quienes lo hacen en vehículos se encuentran con enormes pozos que acumulan agua, una situación que se repite en distintos sectores del estacionamiento y que evidencia la ausencia de trabajos básicos de mantenimiento.
La situación no se limita al exterior. Dentro del propio edificio también pueden observarse signos de deterioro y falta de mantenimiento, generando la sensación de que una infraestructura que demandó importantes recursos de los contribuyentes está siendo dejada a su suerte.
El actual cuestionado gobernador, César Landy Torres, tiene bajo su responsabilidad la administración y conservación de este patrimonio público. Sin embargo, el estado actual del polideportivo plantea interrogantes sobre las condiciones de mantenimiento y el destino que se está dando a una infraestructura que debería estar al servicio de la ciudadanía y de las actividades deportivas del departamento.
Más allá de las diferencias políticas o administrativas entre gestiones, existe una cuestión fundamental: los recursos utilizados para construir este tipo de obras provienen del dinero público y, por lo tanto, el Estado tiene la obligación de preservarlas.

Resulta lamentable que una infraestructura que representó una inversión millonaria termine deteriorándose por falta de mantenimiento. Los pozos llenos de agua, el deterioro visible y el abandono de distintos sectores son señales de una administración que debería explicar qué medidas se están tomando para recuperar y preservar el polideportivo.
El patrimonio público no debería depender de los cambios de administración. Una obra construida con dinero de los contribuyentes debe ser cuidada, mantenida y aprovechada, no convertirse en un ejemplo más del desperdicio de recursos públicos por falta de conservación.
La pregunta queda planteada: ¿cuánto dinero se necesitará ahora para reparar lo que pudo haberse conservado con un mantenimiento adecuado y periódico?











