Las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Brasil atraviesan un periodo de alta tensión tras la apertura de investigaciones y la aplicación de medidas de presión comercial por parte de la administración estadounidense. La decisión del gobierno del país del Norte podría tener dos efectos sobre el comercio de Ciudad del Este. Por un lado puede aumentar las ventas, pero el uso del PIX deberá ser limitado, para evitar sanciones.
Los motivos centrales de la disputa giran en torno a dos ejes: las sanciones impuestas por la justicia brasileña a la red social X (anteriormente Twitter) y el presunto impacto anticompetitivo del sistema de pagos instantáneos PIX sobre las empresas norteamericanas.
Por un lado, Washington ha manifestado una profunda preocupación por lo que considera una «campaña de censura» judicial en Brasil, que incluyó la suspensión temporal de la plataforma X y el bloqueo de cuentas de usuarios. El Departamento del Tesoro de EE.UU. llegó a emitir sanciones individuales contra figuras judiciales clave, como el magistrado del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes, congelando sus activos en suelo estadounidense bajo acusaciones de suprimir la libertad de expresión.
Por otro lado, la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR) mantiene bajo la lupa al sistema de pagos PIX mediante la Sección 301 de su Ley de Comercio. Washington argumenta que la gratuidad y el diseño del sistema administrado por el Banco Central de Brasil desplazan injustamente a gigantes financieros estadounidenses como Visa y Mastercard. En respuesta, el gobierno brasileño ha defendido enérgicamente el PIX como una herramienta de inclusión financiera y un ejercicio de su soberanía nacional, rechazando cualquier acusación de discriminación comercial y advirtiendo sobre posibles medidas de reciprocidad arancelaria si la escalada continúa.










