El cuestionado gobernador de Alto Paraná, César Landy Torres, es duramente criticado en su “tierra” por su hipocresía política. Mientras en Ciudad del Este busca desesperadamente imponer a su precandidato a intendente, anunciando renovación, en Santa Rita busca el continuismo; Torres busca que su hermano, Edgar Torres, en medio de denuncias por corrupción, siga empotrado en el cargo de intendente.
La incoherencia en su discurso y la hipocresía política son características de Landy Torres. Mientras cuestiona a otros por corrupción, él mismo está muy cerca de superar al considerado gobernador más corrupto, Nelson Aguinagalde.
Tiene como principal aliada política a la narcodiputada Liz Acosta.
Su esposa Mirna Wolf, siendo asistente fiscal, funge de encargada del área social de la Gobernación, violando normas legales.
Sobre las críticas por la hipocresía del Landy Torres, Info Santa Rita hizo el siguiente posteo en las redes sociales.

¡APLAUSOS DE PIE! La «RENOVACIÓN» es un MILAGRO… pero solo para EXPORTACIÓN.
Qué ORGULLO para los SANTARRITEÑOS ver a nuestro GOBERNADOR dar cátedra de democracia, pulcritud y renovación política… en Ciudad del Este. Es conmovedor escucharlo defender una gestión «sin amedrentamientos», «sin compras de conciencia» y basada en el «respeto». Casi se nos escapa una lágrima…
Lástima que la mentada «renovación histórica» funcione como un producto de exportación: se produce acá, pero no está disponible para el consumo local. Mientras allá se predica el cambio, en la Municipalidad de Santa Rita el menú sigue siendo el mismo de siempre:
EL «EFECTO ESPEJO» INVERTIDO: Allá se busca transformar; acá se busca heredar el sillón municipal entre HERMANOS. Todo queda en familia, porque el poder no se comparte, se hereda.
¿MODERNIZACIÓN? No, SUPERPOBLACIÓN:
En vez de renovar las calles, lo único que se multiplica en la municipalidad son los contratos para operadores y planilleros que la ciudadanía sostiene con sus impuestos.
EL ARTE DE ACTUAR EN SU GUY:
Esa destreza casi mística de deslizarse como el moñai por los pasillos, cocinando decisiones entre cuatro paredes mientras en redes sociales nos regalan sonrisas de campaña.
Qué envidia (de la buena) le tenemos a Ciudad del Este, donde sí llega el discurso del cambio. A nosotros nos toca bailar con la misma música de siempre, pagando la fiesta de una estructura que se niega a soltar la teta pública.
Un aplauso cerrado al doble discurso: ¡Luz de la calle, oscuridad de la casa!
# Santa Rita (donde la renovación es un mito de exportación)











