El hombre condenado por el asesinato de su exesposa en Brasil, que fue capturado en Paraguay tras permanecer prófugo durante más de tres décadas, tenía una vida tranquila e identidad falsa. Se trata de Marcos Panissa, quien fue detenido el miércoles (15) en la ciudad de San Lorenzo y entregado ese mismo día a autoridades brasileñas en la zona de la Triple Frontera.

El procedimiento fue realizado por agentes de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad), en coordinación con la Policía Federal de Brasil, que aportó información clave para ubicar al fugitivo. Tras su captura, Panissa fue trasladado hasta Ciudad del Este y expulsado del país por la Interpol, organismo que mantenía vigente una alerta internacional en su contra.
El condenado era buscado por el homicidio de Fernanda Estruzani Panissa, ocurrido en 1989 en Londrina, estado de Paraná. Según el caso judicial, la víctima fue asesinada con 72 puñaladas en un crimen motivado por celos, luego de que el agresor no aceptara el fin de la relación.
De acuerdo con las autoridades, Panissa llevaba una vida aparentemente normal en Paraguay, donde residía desde la década de 1990 bajo una identidad falsa. Vivía en San Lorenzo junto a su actual pareja y una hija adulta, quienes —según los investigadores— desconocían su verdadera identidad y el crimen cometido en Brasil. El hombre trabajaba en el rubro de ferretería y mantenía una rutina considerada “discreta”, sin levantar sospechas.
Las investigaciones señalan que el prófugo ingresó a territorio paraguayo utilizando documentos falsificados poco después del crimen, logrando incluso obtener registros oficiales. Antes de establecerse en San Lorenzo, vivió en la ciudad de Concepción, donde formó su nueva familia. También se dedicaba a la importación de productos desde Brasil para su comercialización en el país.
La captura se concretó tras un trabajo de inteligencia que permitió confirmar su identidad. Fue detenido mientras conducía un vehículo y, durante el procedimiento, admitió ser la persona buscada por la justicia brasileña.

El caso de Panissa atravesó múltiples instancias judiciales. En 1991 fue condenado a 20 años y seis meses de prisión, pero un recurso de la defensa permitió un nuevo juicio, en el que la pena fue reducida a nueve años. Posteriormente, esa sentencia fue anulada por irregularidades, y el acusado permaneció en libertad mientras se desarrollaba el proceso.
En 1995, el hombre no se presentó a una nueva audiencia judicial, lo que derivó en la orden de prisión preventiva y su posterior fuga. Años después, en 2008, fue juzgado en ausencia tras una modificación legal que permitió este tipo de procesos, siendo nuevamente condenado a más de 20 años de cárcel, pena que luego fue ajustada a 19 años y seis meses en 2010.
Debido a su condición de prófugo, la condena nunca se había cumplido. En 2018, la Justicia brasileña advirtió que el caso podría prescribir en 2028 si no era localizado, lo que motivó la renovación de la alerta roja internacional.
Actualmente, Panissa permanece detenido en Foz de Iguazú, a la espera de una decisión judicial que determine en qué establecimiento penitenciario cumplirá su condena.











