No hay duda de que Ciudad del Este está llamando la atención en estas internas partidarias simultáneas. Es que el oficialismo colorado una vez más llega dividido en las primarias. Harán una demostración de fuerza, pero saben que sin unidad no podrán ganar las municipales de octubre próximo. El grupo político encabezado por el cuestionado gobernador, César Landy Torres, son quienes no quieren la unidad.
La política en Alto Paraná nunca se ha caracterizado por la linealidad, y las internas simultáneas de este domingo lo confirman con creces. Para la Asociación Nacional Republicana (ANR), Ciudad del Este representa mucho más que una intendencia fronteriza; es un símbolo de poder geopolítico y económico que perdió en 2019 tras seis décadas de hegemonía. Sin embargo, el camino elegido para intentar reconquistar la municipalidad dista mucho de la tradicional disciplina partidaria: la fragmentación en siete precandidaturas expone tensiones estructurales que podrían pasar factura en las generales de octubre.
La sobrepoblación de postulantes colorados en la capital departamental revela, en primer lugar, una evidente crisis de conducción centralizada en la región. Ni el peso del movimiento oficialista nacional Honor Colorado logró imponer una chapa unificada, abriendo el juego a una interna caníbal donde conviven billeteras de peso —como las de Rigoberto Chamorro y Magno Álvarez— con vertientes de la disidencia abdistas como la de Gustavo Ovelar, e incluso apuestas menores que declararon billetera cero.
Esta atomización tiene una doble lectura. Por un lado, dinamiza la movilización del voto clientelar y el entusiasmo de las bases periféricas en las seccionales, inflando el músculo de participación que el partido tanto necesita exhibir a nivel nacional. Por el otro, deja al descubierto una preocupante falta de renovación de liderazgos aglutinadores y una abierta disputa por el control de la estructura partidaria regional, donde el fantasma del viejo caudillismo y las lealtades cruzadas siguen pesando más que los proyectos de ciudad.
El verdadero peligro para el republicanismo esteño no está en el conteo de esta tarde, sino en el lunes de mañana.
La historia reciente demuestra que en Ciudad del Este, el tradicional «abrazo republicano» no siempre se cura con discursos de unidad. Las heridas que deje la intensa campaña —financiada con asimetrías obscenas de recursos— determinarán si el candidato ganador hereda un ejército disciplinado o una tropa fragmentada por el rencor.
Mientras la ANR desgasta recursos y discursos en dirimir sus liderazgos internos, la oposición local, encarnada en la figura del exintendente Daniel Pereira Mujica y la estructura de «Yo Creo», observa el panorama sin el desgaste de una interna competitiva en su sector.
Al final del día, las urnas de este domingo darán un ganador oficial, pero la pregunta de fondo sigue abierta: ¿serán capaces los siete fragmentos colorados de unirse genuinamente para enfrentar a una estructura comunal que ya demostró saber cómo ganarles?











