FOZ DE YGUAZÚ. En una jornada de limpieza intensiva, el Parque Nacional del Yguazú recolectó ayer miércoles (15) un total de 383 kilogramos de monedas del lecho del río Yguazú. La operación, realizada en las zonas próximas a las pasarelas de las Cataratas, busca mitigar el daño ambiental provocado por una práctica común entre los turistas: lanzar monedas al agua para «pedir deseos».
La acción fue coordinada por el equipo de la concesionaria Urbia+Cataratas con el apoyo de voluntarios. Además del gran volumen de metal, se retiraron otros desechos como gafas, botellas de plástico y gorras. El operativo fue posible gracias a la estabilidad actual del nivel del río, lo que permitió que los equipos trabajaran con seguridad en áreas que normalmente son inaccesibles por la fuerza de la corriente.

André Franzini, gerente de sostenibilidad de la concesionaria, advirtió que esta costumbre está estrictamente prohibida. «Los metales presentes en las monedas se oxidan y liberan sustancias que contaminan el agua, afectando directamente la salud de los peces y otras especies que habitan este ecosistema protegido», señaló.
El material recolectado pasará por un proceso de selección. Debido al largo tiempo de inmersión, la gran mayoría de las monedas presenta un estado avanzado de corrosión, lo que impide su circulación legal. No obstante, aquellas que se encuentren en buen estado serán destinadas a financiar proyectos de conservación y acciones ambientales dentro del propio parque.
Las Cataratas del Yguazú, reconocidas como Patrimonio Mundial Natural por la UNESCO, albergan una biodiversidad única. Especialistas en conservación indican que la acumulación de níquel y cobre (materiales comunes en las monedas) puede alterar el pH del agua en microambientes específicos de las rocas.
Esta limpieza se realiza de forma periódica para mantener el equilibrio de las Cataratas, que reciben millones de visitantes al año. Las autoridades del parque aprovechan esta recolección para reforzar las campañas de educación ambiental, recordando que el mejor regalo para el ecosistema es no dejar rastro alguno de la visita.











