La confesión del propio jefe policial de Alto Paraná es demoledora: había información de inteligencia que advertía sobre un posible ataque en la zona, se reforzó la cobertura durante una semana, no ocurrió nada y se volvió a la normalidad. Esa normalidad le costó a Santa Rita dos bancos dinamitados, cuatro policías desarmados, rehenes y una banda de más de 20 hombres que escaparon sin ser capturados.
El Comisario General José Vega, director de la Policía de Alto Paraná, reconoció en un contacto radial con la emisora 730 AM que los datos de inteligencia existían, pero carecían de precisión sobre fechas y lugares. «Estuvimos cubriendo una semana, pero no pasó nada. Son informaciones sensibles de inteligencia que llegan, pero muchas veces no acontece. «Algunos dicen, se presume que se quiere atacar zona norte o zona sur, pero no acontece», declaró el comisario, en una explicación que suena más a justificación que a rendición de cuentas.
Lo más preocupante de su relato es lo que admite entre líneas: nadie dio la orden expresa de bajar la guardia, pero tras el período de refuerzo, simplemente volvieron a operar con normalidad, como si la amenaza hubiera desaparecido por sí sola. Y la banda, que claramente contaba con información propia sobre los movimientos policiales, esperó pacientemente el momento indicado para actuar.
El resultado está a la vista: los criminales detonaron las bóvedas del Banco GNB y del Banco Familiar, presumiblemente llevándose dinero en efectivo cuyo monto aún se aguarda confirmar con la llegada de los directivos bancarios. En el Banco Ueno y la Casa de Cambios Santa Rita no habrían logrado sustraer valores. Los cuatro policías desarmados, los tres empleados del Ueno Bank tomados como rehenes y el guardia de seguridad despojado de su arma se encuentran ilesos, según confirmó el propio comisario.
La huida fue tan planificada como el ataque: vehículos incendiados en los accesos norte y sur de la ciudad y miguelitos esparcidos para frenar a las patrulleras. Una operación de manual que desnuda no solo la capacidad criminal de la banda, sino también las grietas de un sistema de inteligencia policial que tuvo el dato, no supo sostenerlo y pagó las consecuencias con el prestigio institucional y la seguridad de una ciudad entera.











